Durante la adolescencia, el rol de los padres y cuidadores es clave para proteger la salud mental de los jóvenes. Aunque los cambios de humor y de intereses son normales en esta etapa del crecimiento, debes encender las alarmas si estas actitudes persisten por semanas y afectan su rutina.
Cuándo consultar con un psicólogo o médico
Pide una cita profesional si notas que tu hijo o hija experimenta:
- Tristeza o aislamiento: Más de dos semanas decaído/a o alejado/a.
- Autolesiones o amenazas: Ideas de suicidio o intentos de hacerse daño.
- Ataques de pánico: Miedo intenso y repentino con taquicardia o asfixia.
- Agresividad: Peleas constantes o deseos de lastimar a otros.
- Problemas con la comida: Comer de más, dejar de comer o hacer ejercicio obsesivo.
- Ansiedad extrema: Miedos que frenan sus actividades diarias.
- Falta de atención: Dificultad severa para concentrarse o estar quieta/a.
- Adicciones: Consumo de alcohol o sustancias estupefacientes.
- Inestabilidad emocional: Cambios bruscos de humor que dañan sus relaciones.
- Crisis de identidad: Alteraciones radicales en su personalidad.
Cómo hablar con tu hijo/a y ofrecerle ayuda
Si identificas estas señales, dale calma, demuéstrale que no está sola/o y pídele consentimiento para buscar un especialista (salvo que exista un peligro inminente). Puedes usar frases sencillas como estas:
«Qué bueno que te animes a contarme esto. Vamos a buscar ayuda profesional juntos para que dejes de sentirte así. ¿Qué te parece?»
«He notado que no estás bien últimamente y es normal sentirse superada/o. Conozco a un profesional de confianza que te puede guiar. ¿Te gustaría que agendemos una cita?»
Si el adolescente se niega a recibir asistencia, consulta tú mismo con un terapeuta para obtener pautas de manejo o evaluar el nivel de riesgo. Lo fundamental es que sienta tu amor incondicional y sepa que su bienestar es tu prioridad absoluta.
